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El protocolo en los aviones

El avión se ha popularizado. Aparte de ser el medio de transporte más seguro de acuerdo a la estadística sigue siendo, especialmente a la hora de cubrir grandes distancias, el más rápido. Coger un avión se ha convertido en un acto cotidiano: sea por trabajo o placer, cada día millones de personas toman un avión para trasladarse de un destino a otro.

El protocolo o cortesía aérea requiere de una alta dosis de tolerancia y paciencia unido a una rigurosa observancia de las normas básicas de educación y respeto hacia los demás. Hagamos repaso y vayamos poco a poco cogiendo altura.

Aunque el protocolo del vuelo comprende tradicionalmente desde nuestra llegada al aeropuerto de partida hasta traspasar el umbral del aeropuerto de destino, comienza a calentar motores la víspera del viaje. Hacer bien una maleta siempre lo he considerado un auténtico arte cuya perfección confieso no he adquirido aún.

Dicen los expertos viajeros que la norma es llevar lo indispensable y si se necesita algo no previsto comprarlo en destino. Sólo hay dos cosas que son indispensables llevar en la maleta: una pequeña bolsa de lona plegada para convertirse en equipaje auxiliar si hacemos compras y un botiquín básico. Si lleva equipaje de mano que no necesita facturación procure que sea cómodo de llevar, lo que favorecerá su buena disposición de ánimo para llevar mejor el inquietante devenir del universo aeroportuario.

Seis elementos básicos

Como premisa acuda recién duchado, con colonia suave y fresca, ropa amplia y zapato cómodo y tenga a mano seis elementos indispensables: documentación, pañuelo, caramelo para evitar el taponamiento de oídos durante el vuelo, alguna prenda que le abrigue, porque dentro del avión y durante el vuelo notará un poco de frío, cacao para labios porque se resecan y algo de lectura para entretenerse.

Recuerde que viajar en avión si bien es rápido, no es cómodo.  A la presión que supone llegar en hora hay que añadir el tiempo de trámites y esperas en los aeropuertos, tierras de nadie y de todos a una. Sepa que si no es capaz de tomárselo con filosofía, le hará acumular una inútil tensión que le acompañará cuando suba al espacio reducido de la aeronave. Sólo hay una receta que funcione: paciencia y prepararse psicológicamente para la carrera de obstáculos que supone. Llegue con tiempo y le habrá ganado la batalla al estrés.